miércoles, 21 de diciembre de 2011

Capítulo tres: Nunca antes había visto a ese tio.

Miré el reloj. Las siete y media. ¿Y si la persona que me había enviado ese mensaje era satánica y me quería matar a carne viva? No, espera. Brenda, ¿eres gilipollas?
-Cielo, baja a cenar. – gritó mamá desde las escaleras.
Dejé el móvil en la cama y bajé abajo.
[...]
No sé que hacer. Quedan diez minutos para las diez, y la cabaña está a quince minutos.
Miré el reloj. Quedan nueve minutos.
¿Qué hacía? Si de verdad era Niall tendría la oportunidad de decirle que todavía le amo.. o.. decirle que le odio por haberme dejado. Esto es muy raro.. le quierodio.
Y.. por otra parte, si no era Niall corría peligro. Quizás.
¿Qué hago?
Venga, va, Brenda, ármate de valor.
Estaba en pijama. No me daría tiempo. Corriendo cogí del armario unos pitillos negros, las convers negras, una camiseta morada, un pañuelo un poco más morado que la camiseta, la chaqueta y salí corriendo por la puerta.
Mamé me matará por esto. Pensé.
Miré el reloj.
-Oh, ¡mierda! – chillé. –Quedaban cinco minutos para las diez.
Finalmente, entre correr y sofocarme, llegué. No estaba segura si subir o no.
Una gotita cayó por mi cara. Y con ella dos, tres, cuatro.
Subi lo más rápido que pude a la pequeña cabaña. Estaba diluviando.
Cuando llegué me encontré con un chico. Pero no. No era Niall.
-¿Quién eres? – pregunté. Se giró.
-Pensé que ya no vendrías. – sonrió.
-¿Quién eres? – repetí.
-Amigo de Niall.
-¿Y tendría que creerte por que...? – sacó su móvil y me enseñó una foto.
-Ah, tu eres de ese grupo.
-Un quinto de ellos. – sonrió.
-¿Para qué querías que viniera? – pregunté sentándome en el suelo.
-No sé si sabrás que hoy hace un año que.. bueno, eso. – miró al suelo. –Que Niall se fue.
-Oh, no, ¿enserio? – abrí la boca a modo que estaba estupefacta.
-Veo que lo sabes. – rió. Asentí. -¿No te da pena? – preguntó.
-No fui yo la que se fue.
-¿Volverías con el?
-¿Debería confiar en ti? Eres su amigo, se lo contarás todo. – pregunté alzando las cejas.
-Yo solo quiero que hableis.
-No servirá de nada. – suspiré. –Desde que se fue a esa mierda no me ha llamado ni una sola vez. Ahora me dirás que me sigue queriendo, pero no. No me lo creo. Ojos que no ven..
-Corazón que no siente. – terminó la frase.
-Exacto.
-Brenda, esto es de verdad, te sigue queriendo. – reí. –No, no rías. El te quiere. Tan seguro estoy de que te quiere como que me llamo Louis. Este año lo único que ha hecho es hablar de ti. Me sé toda tu vida gracias a él.
-Ya, claro. – reí irónicamente.
-Sé que Niall y tu os conocéis desde pequeños. Sé que te pidió salir a los 15 años, un 11 de noviembre.
-Eso lo podría saber cualquiera. Búscalo en Google.
-¿Qué tengo que hacer para que me creas? – preguntó.
-Nada. Perdóname Louis, pero no te creo. – miré el reloj. –Me tengo que ir.. ya es muy tarde. – le miré por última vez y bajé las escaleras de la cabaña. Seguía lloviendo asi que corrí.
[...]
-Llegan tarde. – dije mirando el reloj.
-Ten paciencia. – dijo Sarah.
Habíamos quedado con sus amigas. Carol, Gaby y Abbie. Según Sarah, Abbie era morena, con el pelo rizado. Muy rizado. Por los hombros, quizá más. Sus ojos eran verdes, pero alrededor de la pupila tenían como ‘cosos’ negros. Vamos, según Sarah, los ojos de Abbie eran raros pero preciosos. Era alta, por lo menos más que Sarah si. O eso dijo ella. Le encantaba leer, constantemente iba a la biblioteca. Le gusta el cine,
-Cada vez que hay un estreno, allí esta ella - dijo Sarah riendo.
Le gustan las tormentas y la lluvia. Vamos, como a mi. Adora hacer fotos. Le gusta bailar, pero es vergonzosa y no baila en público. Ah, y estudia artes escénicas.
Carol. Según Sarah, Carol era bajita, más o menos por su altura. Sus ojos eran grandes, de color miel oscura. Su pelo color castaño claro era media melena.
-Parece que tiene mechas rubias. Pero no es así, es su pelo natural. Es precioso.. – dijo Sarah.
Luego estaba Gaby. Ella era la más mayor de ellas cuatro. Todas con catorce, menos ella, con quince. Tenía el pelo ondulado y castaño oscuro, sus ojos eran normalitos, marrones avellanas. Estatura normal, normalita refiriéndose a cuerpo. Timida al principio.
-Luego es un demonio. – dijo Sarah sobre ella.
Cabezota, graciosa, risueña, amante de la música.
-Eh, mira, ¡ya vienen! – gritó Sarah. Corrió hacia ellas y las abrazó a todas.
-Em.. hola. – dije acercándome.
-Chicas. – se separaron. –Esta es Brenda, una amiga.
-¡Encantada! – gritó una de ellas dandome un abrazo. –Soy Gaby.
-Igualmente. – reí.
-Carol. – sonrió otra y me dio un abrazo.
-Encantada. – sonreí.
-Yo soy Abbie. – sonrió otra.
-Brenda. – sonreí.
-Una vez haberos conocido.. – dijo Sarah. -¿Qué hacemos?
-¿Vamos a por un helado? – preguntó Abbie.
-¿En mitad del otoño? – pregunté.
-¿Y por que no? – sonrió.
| Narra Niall |
-¿Qué has hecho qué? – pregunté levantándome del sofa.
-¡Tenía que hacerlo! – gritó Louis.
-Dios, Louis, ¡eres idiota! ¡Te dije que no estaba preparado! – grité y subí corriendo las escaleras. Cerré con pestillo y me tumbé en mi cama.
Empecé a llorar.
Vale, sí. Soy idiota. Pero, ¿y qué? No estoy preparado.
¡Le dije a Louis que no hiciera nada!
Me levanté de la cama, quité el pestillo y salí al baño.
-En, Niall, espera.. – dijo Louis antes de que entrara al baño. Pasé de el y me encerré en baño.
Eché también el pestillo y me senté en el retrete. Me revolvi el pelo y me sequé las lágrimas. Me levanté, me miré al espejo. Me mojé la cara. Cogí la toalla y me la sequé. Miré mi muñeca. Alli seguía, mi B escrita con compás en la muñeca. Recuerdo que ella se hizo una N.
-¿Qué haces? – pregunté viendo como se pinchaba con un compás.
-Una cosa. – sonrió sin mirarme.
-¿El que? – le quité el compás y miré su muñeca. Estaba sangrando. En ella había una N escrita. -¿¡Que haces!? - pregunté.
-¡Dame el compás! – chilló.
-¡No! ¡Pero si te está sangrando!
-Pero vale la pena. – sonrió.
-Eres muy tonta. – dije acercándome par abrazarla.
-Venga, trae. – se apartó.
-Yo quiero una B. – sonreí.
-Ahora te la haces, déjame terminarme mi N. – accedí y la di el compás. Lo cogió y poco a poco se la repasó. La dolía. Se notaba en su mirada, además, estaba sangrando.
-Si cortamos alguna vez, el nombre de mi hijo tendrá que empezar por N. – sonrió.
-No, eso nunca pasará. – sonreí quitándola el compás.
-¿Siempre? – preguntó.
-Siempre. – la besé.
Dejé la toalla en el toallero, abrí el agua caliente y me desnudé. Me metí en la ducha y dejé que el agua corriera por mi cara relajándome.
Si. La echo mucho de menos.
Mañana mismo hablaré con ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario